sábado, 15 de agosto de 2009

Música para tres

La noche de anoche fue sin duda muy divertida para mí y dos de mis mejores amigos: Ricardo y Peter. Nos lanzamos un ratito (créanme, lo de ratito es literal) a Plaza Garibaldi y de ahí a Marrakech.

Un poco aburridos de leer unas copias de una materia que no quiero ni recordar llegó Peter a sonsacarnos que, dicho sea de paso, no es tan difícil. Él nunca toma pero ayer se le antojó cabrón una michelada y quería que fuéramos a Zona Zero: un lugar que está cerca de la escuela donde sirven unas bastante buenas...

A decir verdad ese lugar a mí me caga, tiene un ambiente bastante hostil y ponen música muy fea, a parte de que a la hora que llego Peter ya estaría hasta la madre y no alcanzaríamos mesa. Todo se juntó y pues menos ganas le dieron a Ricardo, así que nos pusimos a pensar antes que se hiciera más tarde.

En un principio, ambos propusieron ir a zona rosa pero (amén de que vayan a pensar que soy un mamón de lo peor) a mí tampoco me gusta ir, a parte de que no tengo IFE (gracias, señores asaltantes) y para la entrada a cualquier lugar de ahí es indispensable. El antojo de Peter seguía latente y nosotros seguíamos sin ninguna idea clara, parecía que regresaríamos al salón...

Hasta que a Ricardo (a.k.a. Richie) se le ocurrió la idea de ir a Garibaldi a consumir dicho elixir. Después de que el metro se parara en cada estación como cinco minutos logramos lo que pensé imposible: llegamos hasta el destino deseado y fuimos directo a la plaza, a un lugar junto al callejón de los locos (neta, así se llama -o llamaba- la calle) a consumir.

La que atiende tenía voz como que se había tragado a Piolin, chusca a más no poder; pero con todo y eso nos sirvieron unas micheladas no tan dignas como las del Zona (como es llamado afectuosamente por sus comensales) pero bastante aceptables, una para Peter y yo (que somos abstemios) y otra para Richie (que aguanta un poco más, sin ser un alcoholico empedernido)

Peter y yo nos terminamos la nuestra como en cinco minutos (no es choro, cinco minutos máximo) y Richie todavía tardó un poquito más... Nos levantamos de la mesa y a Peter ya se le había subido (tampoco es choro, sí se le subió) y pues yo lo iba agarrando de un brazo.

Un tipo todo extraño, que decía ser serigrafista, se nos acercó para pedirnos "una caridad" para acompletarle para un mezcal y, muy buena gente, se ofrecío a darnos la mitad. Personalmente tomo mezcal cuando no hay otra opción pero mis acompañantes sí se muestran renuentes a beberlo así que, como pudimos, nos fuimos haciendo chiquitos hasta que desaparecimos de la vista del fulano...

Caminamos desde la Plaza Garibaldi un par de calles, cuando vimos el oxxo en la esquina de Cuba supimos que ya estábamos bien cerca, nuestro destino era el Marrakech. Después de la peste o el calor que emanaba directo del Viena llegamos por fin e ingresamos sin ningún contratiempo... Nos recibía el sonido característico de la salsa que se baila guapachosamente cerca, cachete con cachete y manita en la nalga del acompañante.

Richie pedía a gritos que alguien lo sacara a bailar pero para su mala suerte ni Peter ni yo bailamos salsa (de hecho Peter baila otros géneros pero yo nada de nada) y se quedó bailando solo... ni modo pero si nadie me enseñó ... :(

Y pues salimos un poco tarde de allá, todos sudados pero bien contentos porque nos pusieron tres rolas: una para cada uno.

A Richie Poker Face de Lady GaGa.
A Peter Celebration y Ray of Light de Madonna.
Y a mí New York City Boy de Pet Shop Boys



Su disquera (o sea EMI) la remasterizó para hacer (tentativamente) una compilación de éxitos... esperemos que así sea. Su última producción (Yes) fue bastante aceptable

No hay comentarios:

Publicar un comentario